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El hermoso e imponente río Mocoa que los Mocoenses despreciaron

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Río Mocoa en Villagarzon

Por: J. Kuarán – Reportero independiente

El imponente y hermoso río Mocoa, ancestral como la naturaleza misma en el Putumayo, que  desde la cordillera del nudo de los pastos donde se encuentra la reserva natural de la cuenca del río Mocoa pasa con su brisa fresca por la capital putumayense, recorre el municipio de villagarzón y desemboca en el majestuoso rio Caquetá, fue siempre sinónimo de vitalidad natural cual regalo de Dios para los Mocoenses que implacablemente decidieron despreciar.

Los recuerdos más bellos de una infancia de hace 40 años hacen ver como viva imagen a pleno color una hermosa tierra bañada por las cristalinas y siempre refrescantes aguas del río Mocoa, cuando a lo largo de sus riberas en el recorrido por la capital del Putumayo eran tantos los bellos balnearios con pozos naturales que nos hacían soñar cual paraíso moldeado por las manos de Dios solo para disfrutarlo.

Nuestros recorridos por sus riberas eran casi diarias, al fin y al cabo lo teníamos allí a tan solo tres cuadras de la casa, era tan nuestro, tan real y fastuoso que pareciera que sus amplias playas de arena y piedra lavada estuviera esperando siempre nuestra visita diaria, después de las horas de escuela era tan celestial poder refundirse en sus aguas frescas, siempre íbamos por lo general acompañados de esos amigos de la infancia o del tío un poco mayor que nosotros, podíamos observar a varios aficionados de la pesca sentados en las grandes piedras que sobresalían al lado y lado del río colgando serena y pacientemente sus cañas de guadua con sus anzuelos mientras disfrutaban del paisaje, el susurro del río y la brisa fresca; de nuestra parte la afición era la bajada de churimbas, madroños y cuanto fruto silvestres ofrecían los frondosos y centenarios árboles que adornaban y abanicaban como cortesanos a su majestad las aguas de ese bello río.

Río Mocoa en Villagarzon

Los fines de semana eran aún más especiales, sus blancas playas de arena y sus azules aguas se llenaban de colorido debajo del puente del barrio San Agustín, era uno de los balnearios naturales más visitados por los capitalinos. Era todo un espectáculo ver a valientes mocoenses lanzarse al vacío desde las peñas de roca tan altas para nuestra estatura de niños o desde el mismo puente colgante, haciendo perfectos malabares que terminaban en las profundas aguas del río Mocoa y deleitaban nuestros pequeños ojos y nuestros gigantescos sueños de pensar que cuando creciéramos seriamos nosotros los dueños de esas plataformas de lanzamiento y de esos malabares, seriamos los campeones los mejores del balneario esa era la idea siempre en nuestra mente de niños.

Pero a cambio nos tocó ser testigos de cómo poco a poco nuestro balneario lo fueron matando hasta sepultarlo en purulentas aguas de alcantarilla mientras a los Mocoenses les segaba ese implacable afán por crecer y construir, muchos incluso osaron arrebatarle hasta su propio cauce el cual fueron rellenando con desperdicios para después construir sus casas, todo eso unido a la corrupción de algunos malos hijos que recortaban los recursos de las inversiones en obras que hubieran podido salvar nuestro río y sus balneario naturales; pero eso no les importaba, mirábamos perplejos como sonreían cuando queríamos gritar por nuestro río, por nuestro balneario, al fin él río no lo podía hacer necesitaba que lo defiendan pero no teníamos el poder para salvarlo, ellos consumidos por la corrupción construían sus mejores casas y sus mejores edificios en Mocoa con los recursos que pudieron salvar el río y nuestro balneario; la falta de amor por nuestra tierra, nuestros ríos y los sueños de muchos niños fue tan evidente que poco a poco mataron ese hermoso edén y con él los recuerdos de una niñez feliz al lado de las aguas del río Mocoa, donde esperábamos algún día en nuestra vejez volver y sentarnos para recordar cada detalle de aquellos tiempos en ese paraíso natural llamado río Mocoa, un regalo de Dios que los Mocoenses despreciaron.

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