Retos y desafíos del periodismo regional en tiempos de pos acuerdo y pos verdad

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Por: Jorge Kuarán – Notifronteras.com

Paradójico es pensar que una sola palabra nos haya llevado a la puerta de una nueva época en la comunicación mundial, irracional desde todo punto de vista en lo que se podría llamar la libertina modernidad o pensamiento actual tan artificial como superficial.

Llamar a esta una nueva época de “pos verdad” basado en un destello de vocabulario de un modernista o modista del lenguaje que lo plasma en un artículo de consumo masivo como el diccionario de Oxford, es tan falaz como el mismo concepto que disfraza la farsa a la cual hace alusión su contenido textual mas no contextual, ya que la aludida “pos verdad” siempre ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, de allí nuestro trágico trasegar en la evolución como sociedad, que a parte de la aparición de aparatos tecnológicos, el pensamiento impuesto desde los grupos de poder viene siendo similar sin mayor evolución pero dinámico deacuerdo a la estrategia del periodo o época donde se aplica; como por ejemplo en el últimos siglo donde el sistema económico lo convirtieron en el eje central sobre el cual han hecho girar la existencia humana y social a nivel global.

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Querer pensar que veníamos de una época de la verdad pura sobre la cual giraban las acciones y movimientos de pensamiento humano a pasar ahora en la actualidad a una época de “pos verdad” o hechos comunicativos que bajo argumentos maquiavélicamente construidos pretenden impactar más sobre los sentimientos de las personas que sobre la razón, dejando a un lado la verdad plena representada en la realidad pura e incluso científica, es como creer que realmente somos unos niños grandes sin la mínima pizca de entendimiento conceptual y contextual, consumidores de cuanta moda y discurso llame la atención colectiva atribuida a la masificación de la información en la internet y al monopolio de la información periodistica a través de los conglomerados empresariales dueños de los medios de comunicación.

Bajo esta premisa particular, hablar de retos y desafíos del periodismo regional en tiempos de “pos verdad” no es más que adentrarse en el modismo del lenguaje superficial, más no racional, en torno a lo que significa un verdadero reto y un desafío.

Así las cosas, más que un reto es una provocación a los sentidos y a la inteligencia periodística, pero más aún una provocación a la esencia vital de la academia dentro del proceso de formación que permita que el árbol de la disciplina periodística no torce su perenne firmeza de carácter filosófico frente a axiologías que van y vienen.

Pero cómo enfrentar desde el periodismo regional esta andanada modista de texto aunque los contextos sigan siendo los mismos..?, tratando de seguir la corriente modernista del oficio sin sacrificar los principios como la ética periodística y la firme decisión de compromiso con la verdad, la independencia del pensamiento periodístico, la misma imparcialidad, el carácter humanista y la férrea responsabilidad como pilares fundamentales del periodismo desde su génesis, que lo constituye en la contradicción no de avanzar hacia la moda sino de permear la virtud del oficio periodístico sobre los huracanes de colectivos desaforados de lenguaje sin pensamiento de fondo que se constituyen en moda y que pretenden imponer nuevas reglas para ejercer la actividad de informar.

La madurez del pensamiento periodístico que gesta la información a través de la verdad, su formación mínima en las ciencias humanísticas que se da en los claustros universitarios dentro de las carreras formales y que se complementan con el quehacer técnico del oficio, le ayudan al periodista a comprender un poco más el actuar desde el átomo humano hasta el colectivo social, lo que le permite navegar con claridad sobre aguas turbias por las que atraviesa el periodismo a través de los tiempos, periodos y épocas, que con un claro razonamiento y pleno conocimiento del cómo, por qué y para que genera información periodística se convierten en su armadura para hacerle frente a las provocaciones como la revuelta sin sentido que ha generado un modismo llamado “pos verdad”, que no es otra cosa que formalizar el degeneramiento del periodismo al servicio de los capitales del mundo para mantenerlo en el poder y que usan a grandes conglomerados periodísticos de propiedad del mismo capital, que quieren a toda costa evitar el compromiso con la ética periodística y salvar responsabilidades en torno a los efectos y desastres que cause su información de convencimiento y sometimiento del colectivo social, por lo cual imponen el pensamiento común del conglomerado empresarial a sus periodistas contratados a quienes tratan de adoctrinar con modismos que confundan la razón y socave la integridad del pensamiento unipersonal periodístico a base de conciencia, razón y verdad, como debe ser.

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De otro lado, el tema del pos acuerdo y su contenido teórico en su esencia, basado en el origen de la negociación que como punto central está la de salvaguardar la razón fundamental del más grande y preciado derecho humano como es la vida, en este caso la de cada colombiano inmerso en la guerra, lo convierte en una verdad plena basado en la realidad de los hechos a la luz de la razón y no de aquella “verdad” salida del sentimiento de unos u otros, menos de los que quieren confundir la sociedad para ganar adeptos a sus intereses políticos o económicos.

El papel del periodismo regional entonces se debe centrar en el fondo del contenido del pos acuerdo, en la más profunda raíz del proceso que implica que en adelante ningún colombiano pierda su vida por razones ideológicas, teniendo escenarios donde la razón humana hace surgir la concertación y la decisión de procesos de país que se pueden debatir y disentir desde la palabra, la constitución y la ley a la luz de la equidad social.

Lo anterior desde luego, informar sobre el pos acuerdo, si constituye un reto y un enorme desafío al periodismo regional que no trabaja para los conglomerados económico/periodísticos del orden nacional, por tanto debe ser cuidadoso con el ejercicio de informar para que el contenido anexo al eje central del pos acuerdo como son los puntos adicionales que lo conforman, no se vayan a convertir en venas abiertas para la generación de mentiras en torno a una gran verdad como fue la de acabar la guerra.

Es lógico pensar igualmente que tampoco debe ser óbice del ejercicio de la verdad periodística en cuanto a los hechos anexos que generen los procesos del pos acuerdo en Colombia, pero cuidando siempre la responsabilidad como pilar fundamental del periodismo en torno a la información referente “al todo” del proceso pos acuerdo.

El periodista regional no puede convertirse entonces en la caja de resonancia de una parte minoritaria del país que tiene sus propios intereses, y si fuera necesario ni siquiera de la parte mayoritaria del país cuando hablare obnubilada desde los sentimientos y no desde la razón y la verdad plena.

Recordar que modismos como la “pos verdad”, que convierten una mentira o un soslayo colectivo de pensamiento visceral y de formalismos en una verdad democráticamente aceptada así no obedezca a la realidad, es la tarea de conglomerados empresariales que están al servicio de no muy claros intereses particulares o pequeños grupos de poder que argumentan mentiras tratando que la sociedad se fije más en los argumentos que enredan y engañan, que en el hecho verídico palpable y real.

No estamos entonces defendiendo a un bando o al otro que hicieron parte del proceso pos acuerdo, estamos defendiendo la razón y la esencia de un acuerdo que defiende la vida de cualquier colombiano que estaba inerme e indefenso ante las atrocidades de la guerra, estamos defendiendo un país que merece vivir en Paz, estamos defendiendo un futuro que a esta generación le corresponde forjar y que le pertenece a sus hijos. Ya la constitución, la ley y la democracia sabrán dar a cada protagonista victimario del conflicto su justa condena.

Ese debe ser el reto del periodismo regional frente al pos acuerdo, centrado en la verdad con conocimiento y a la luz de la razón, acompañando al colectivo social en su camino hacia el país que puede y debe ver en su interior grandes oportunidades que el ruido de fusiles y los ríos de sangre de colombianos inocentes en la periferia de país no le permitían ver el horizonte cercano.

Ser responsable con las nuevas generaciones de colombianos de la verdad histórica de país y de un país erguido y fortalecido para hacer frente al futuro que merece, debería ser el aporte del periodismo regional en la Colombia que en su realidad graduó a muchos periodistas como reporteros de guerra y que ahora tendrán que cambiar su discurso por un lenguaje de Paz.

Esa Colombia que aún tiene grandes retos empotrados en su sistema, que son el cáncer hecho metástasis como lo sucedido en las altas cortes, el congreso de la república, la casa de Nariño y a lo largo y ancho del país en el sector público y privado, pero que debe afrontar uno a uno sus problemas desde la razón y la verdad a la que cada colombiano tiene derecho y que es menester del periodismo ponerla sobre la mesa para que se tomen las decisiones que favorezcan el colectivo nacional.

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